La Noche que Nadie Duerme, una experiencia memorable.

“La Noche que nadie duerme” es un imperdible en la lista de experiencias que vivir en nuestro país, lamentablemente, la pandemia se llevó esta colorida celebración este 2020 pero queremos compartir con nuestros lectores un poco de la vibra y lo que percibimos al vivirla.

Desde tiempos prehispánicos, Tlaxcala fue fuerte e independiente además de ser una de las naciones que mantuvo su independencia ante el Imperio Mexica.

Con el paso de los siglos, sus tradiciones, arquitectura colonial y sus momentos históricos la han labrado como un destino cultural imperdible.

La visita a Huamantla, en una noche, te cautiva.

Decidimos lanzarnos a descubrir los colores y sabores de la magia que hay en torno a la fiesta a la Virgen de la Caridad, “La noche que nadie duerme”.  Como toda fiesta patronal mexicana, prometía mucho: la verbena, buena comida y magnífico ambiente.

Lo vivido superó las expectativas: el Pueblo Mágico de Huamantla se engalanó con los magníficos multicolores alfombras y tapetes elaborados por la gente del lugar, diseñados y cuidados por ellos mismos, preparando el camino para el paso de su virgen, la cual es vestida meticulosamente año con año por un grupo de mujeres que con esmero y devoción bordan el atuendo de su patrona sin esperar algo a cambio, lo ofrecen en agradecimiento por la vida, por la salud, por la familia, por su protección constante.

El cabello de la virgen es hecho con cabello donado por niñas y muchachas de la comunidad, los maravillosos tapetes que con su belleza han dado la vuelta al mundo son concebidos para ser el camino para que la comitiva que traslada a la virgen durante su recorrido de siete kilómetros. Una vez que la virgen pasó, esas obras de arte desaparecen, se difuminan y resurgen un año después.

En esa noche, no solamente nadie duerme, nadie se queda en casa. En 2018, bajo la lluvia, familias completas, desde los abuelitos hasta los bebés, esperaron el paso de la virgen, la acompañaron y le rezaron, quienes nunca habíamos vivido eso quedamos conmovidos con el fervor y la entrega, con los colores y los rezos. Preocupados con las gotas de lluvia que amenazaban destruir los tapetes y aliviados con el trabajo de personas que los mantuvieron inmaculados para el paso de la Patrona.

A aquellos que hacen turismo religioso, esta experiencia es imperdible, nada la puede describir, hay que vivirla y vivirla a colores, como solo en Huamantla saben hacerlo.

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